Teatro

Un camerino de bombas

Descripción10 October 2012 - 18 October 2012

Descubre los secretos de ser una bomba.. .¡sexy!

Noderlin Vivas | @Noderflin

Las 4 sensuales actrices del elenco del programa humorístico “A que te ríes” de Venevisión, se trasladan de la panatalla chica a las tablas para que las veas en ¡primera fila!

Despampanantes, ocurrentes y pícaras como siempre, Yolenny SalazarSabrina SalemiMirla De Faria Mayra Goncalves; te llevarán a conocer con sus anécdotas cómo combinar belleza con talento y además, humor desbordante. Entre risas, tragos y atrevidas coreografías, más de uno quedará con la boca abierta y las mujeres no pararán de reír cuando las chicas cuenten las mil y una peripecias que han tenido que hacer para lidiar con el sexo masculino.


Como detalle te contamos que los textos son creación de ¡sus protagonistas! Están basados en sus propias experiencias y ellas, además de deleitarte en escena, colaboraron con la producción de su show. “A veces, era tanto el trabajo que teníamos que hacer por fuera que al llegar a los ensayos, Juan Carlos tenía que regañarnos y pedirnos que nos desconectáramos de la producción”, nos comentó Yolenny Salazar, durante la rueda de prensa. Para las 4 chicas fue una experiencia única y el resultado no te lo puedes perder.

La pieza está bajo la dirección del reconocido humorista Juan Carlos Barry, con impresionantes coreografías de Ulises Urbina y bajo la producción general de Ruben Bruces.

Desnudarán frente a ti sus secretos… y mucho más.

~ Miercoles 10 y 17 de Octubre / Jueves 11 y 18 de Octubre/ 8pm

~ Teatro Escena 8, Calle La Guairita con Calle Hípica, Las Mercedes.

~ Entradas en Bs.153 a la venta en taquillas o en www.ticketmundo.com







____
¿Más comedia? Click > aquí

 

Compartir

Valoración

VN:F [1.9.7_1111]
Originalidad
Disfrute
Calidad
Valor Pagado
Rating: 5.0/5 (1 vote cast)

Deje su comentario

Connect with Facebook

Te recomendamos

Capanaparo por Elías Rodríguez

#VzlaEnUnViaje: al Río Capanaparo

Aire Libre Reseñas HQH

Veneno de raya y tormenta eléctrica

Por: Elías Rodríguez Azcárate | @eliasrodriguez1

Por el municipio Achaguas del Estado Apure pasa el Río Capanaparo que  alimenta a nuestro gigante Orinoco en su recorrido hacia el Delta. Es un cuerpo de agua que nace en Colombia y serpentea por tierras llaneras venezolanas. Santa Josefina es el nombre del arenal donde planeamos acampar durante toda la Semana Santa de 2010.

Fijado el punto de campamento, coordenadas y demás información de cómo llegar al sitio, procedimos a armar el grupo de viaje, que esta vez contó con más de 20 personas, además de mi nuevo perro, un Boston Terrier de cuatro meses al que llamé Kiwi y quien sería mi compañero de ahora en adelante en todas mis travesías por el país. El momento de partir hacia una nueva aventura llegó y a las 3:00 am del Viernes de Concilio ya estábamos rodando. Tomamos la ruta desde la autopista Regional del Centro, saliéndonos en Charallave, pasando por Camatagua hasta llegar al Sombrero. Bajamos hasta Calabozo y pasamos por San Fernando de Apure, continuando hacia el sur hasta conseguirnos con la entrada de la trilla que lleva hacia Santa Josefina.

El camino hacia San Fernando de Apure, desde Caracas, transcurrió sin novedad. De bajada pudimos observar algunos parajes íconos de Venezuela como el Embalse de Guárico, ubicado justo a la entrada de la ciudad de Calabozo –cuyo nombre completo es Villa de Todos los Santos de Calabozo– y los Esteros de Camaguán. Esa era la primera vez, que había visitado muy niño, que llegaba a la tierra de mis antepasados maternos.

Después de más de siete horas de camino llegamos a San Fernando de Apure, última localidad densamente poblada que nos encontraríamos en nuestra vía hacia Capanaparo. Allí aprovechamos de cargar hielo, ir al baño, echar gasolina (muy importante, ya que es una de las últimas bombas que conseguirán) y hacer las compras nerviosas de último momento, como unos amigos que compraron una gallina para prepararse una sopa “levanta muertos” en la noche.

Ese trayecto que recorrimos hacia el Sur es llamado “Ruta de Gallegos” en honor al escritor venezolano que transitó esos poblados para escribir Doña Bárbara, su más célebre novela. De pronto nos conseguimos con el Puente Marisela, considerado patrimonio edificado del Estado Apure. Está construido sobre el paso del Río Arauca. En la obra de Rómulo Gallegos, Marisela era la hija de Doña Bárbara y Lorenzo Barquero. Este gran texto refleja el estilo de vida, cultura y costumbres de los habitantes de los llanos venezolanos a principios del siglo XX.

Quince minutos después por esa misma vía nos encontramos a mano derecha los Médanos de la Soledad o Dunas del Capanaparo. Es un desierto arenoso que llama mucho la atención por estar en medio de la llanura. Allí nos detuvimos brevemente para descansar, tomar fotos y admirar esta maravilla de la naturaleza.

Alrededor de las 2:00 pm, nuestros GPS marcaron el tan esperado cruce hacia el comienzo de la trilla que nos llevaría directamente hasta nuestro destino. Y aquí justamente también comenzarían los problemas para algunos de los integrantes de nuestro grupo.

Venezuela en un viaje

Llegando a Capanaparo | Foto: Elías Rodríguez

 

Los que se perdieron

 

Al pasar la puerta de tranca que da comienzo a la trilla, los que íbamos encabezando el grupo de vehículos arrancamos a buen ritmo sin percatarnos que otros vehículos se habían detenido, dejándolos atrás en cuestión de segundos. Siempre lo he dicho: en una caravana de carros uno siempre debe velar por el compañero que lleva detrás. Si a este le pasa algo o se detiene, es deber de uno avisarle a los demás sobre la situación. La regla de oro no se respetó y el grupo se dividió.

 

En estos caminos rurales hay muchos desvíos y ramificaciones en múltiples puntos, por lo cual el GPS se convierte en una herramienta indispensable para el navegante o piloto del vehículo. Hay que seguirlo al pie de la letra, sino podríamos vernos totalmente perdidos en cuestión de minutos. Sobre todo si es de noche.

 

Aproximadamente a la media hora de recorrido sobre la trilla, el último de la caravana dio la voz de alto. Nos percatamos de lo ocurrido y comenzamos a tomar las decisiones pertinentes. El grupo se debatía entre dos opciones: seguir y esperarlos en el cruce del río, o devolvernos a buscarlos. Yo opté por la segunda opción inmediatamente, aún sabiendo que eran suficientes pilotos equipados con GPS, coordenadas correctas y radios, como para lograr llegar por sus propios medios al punto de destino.

 

Me regresé varios kilómetros sin señal alguna del grupo perdido hasta conseguirme con otro grupo que circulaba por la misma trilla, los cuales nos explicaron que había otra ruta más hacia el Sur y que probablemente ellos habían tomado esa por descuido. Allí fue cuando decidí, pensando en la gasolina que me quedaba, regresar de nuevo a donde había dejado a los de mi grupo y continuar nuestro camino lo más rápido posible hasta el punto de llegada.

 

El camino estuvo bastante entretenido ya que la época de lluvias no había pasado aún y había varios pequeños pozos en la vía los cuales cruzabas a alta velocidad. Es importante destacar que todas las vías que tomamos fuera de carretera pavimentada en nuestros viajes son caminos rurales que utilizan los habitantes de estas áreas y finqueros para circular. Es decir que no abrimos nuevos caminos, ni atentamos contra la naturaleza.

 

Caía la tarde y la sabana nos ofrecía un paisaje realmente espectacular. Nos movíamos de Este a Oeste y frente a nosotros se escondía el sol en un horizonte que confundía cielo y tierra, lanzando destellos de luz y colores rojizos y amarillos por toda la llanura, y las nubes que, sobre ella, flotaban inertes. Aproveché para bajar el vidrio de mi lado y el aire era tan puro y cálido, que automáticamente todos mis tripulantes me siguieron en esta acción. La brisa circulaba por toda la cabina y uno sentía como si estuviese volando. Fue una sensación de libertad increíble. A lo largo del recorrido también nos topamos con pequeñas dunas de arena que nacen de pronto, creando paisajes únicos y muy exóticos a la vista.

 

Tras haber recorrido unos 65 kilómetros, llegamos a las 5:00 pm aproximadamente al punto donde se agarra la chalana para cruzar el Río Capanaparo, hasta el arenal donde se acampa. Veníamos ya desesperados todos con la gran incertidumbre de si nuestros otros compañeros habían logrado llegar hasta el punto o no.

 

Apenas estacionamos las camionetas en la cola de carros que se hace para cruzar al arenal, nos bajamos corriendo hacia el comienzo de la fila con la esperanza de conseguirlos allí, pero no habían llegado. Ya cuando nos tocaba cruzar al otro lado del río en la chalana, llegaron los tres vehículos que se habían perdido al principio de la trilla. ¡Gran alivio! La falta de comunicación y atención influyeron para que se diera este contratiempo.

 

Río Capanaparo, estado Apure | Foto: Elías Rodríguez

Capanaparo

 

El cruce del río sobre la chalana fue una experiencia algo interesante, y no puedo negar que la primera vez da un poco de miedo por lo que pueda ocurrir. La chalana consiste en una plancha de metal flotante de aproximadamente unos 8 metros de largo y 2 metros y medio de ancho, en la cual caben dos carros exactamente, con barandas a ambos lados y propulsada por una curiara con motor fuera de borda. Esta a su vez es guiada por una cuerda que se encuentra atada en ambas orillas del río. Al montar el primer carro la chalana es bastante inestable y es necesario apoyar el segundo carro sobre esta, mientras el primero se desplaza hacia delante con el fin de que no se incline demasiado y evitar que el primer carro caiga al agua por la proa. Una vez montados los vehículos la navegación es bastante agradable y se disfruta enormemente.

 

El arenal o playón de Santa Josefina tiene aproximadamente 1 kilómetro de largo y 400 metros de ancho hasta la vegetación, lo cual lo hace ideal para acampar sin ser molestados por otros grupos vecinos, ya que hay suficiente espacio para todos. Pero por lo general los vecinos siempre son amables y considerados y no hay ningún tipo de problema en cuanto a ruidos molestos u otros males. La arena es marrón clara, bastante liviana y el agua tiene una temperatura ideal. Pega una brisa fresca constante durante todo el día y toda la noche, que ayuda a aplacar un poco las fuertes ondas del sol llanero.

 

El lugar es custodiado por una casa ubicada en la parte más alta de la ribera del río. Esta casa pertenece a la señora Lala y su familia. Allí presta ciertos servicios como baños, zona para acampar y me imagino que si llegan a un acuerdo hasta les puede preparar comidas. Todo el lugar está bajo la sombra de unos inmensos árboles y la brisa corre fresca y constantemente.

 

Después de una reparadora cena nos quedamos escuchando música y hablando, hasta que poco a poco cada uno de los integrantes del grupo se durmieron. Hasta los amigos que compraron la gallina para hacer el hervido se quedaron dormidos frente al fogón, vencidos por el cansancio.

 

La noche estaba totalmente despejada y parecía imposible que fuese a llover, pero de igual forma por no dejar, fui precavido y guardé la corneta y la planta eléctrica que llevé al viaje dentro de la camioneta, “porsia las moscas”.

 

Seguramente eran como las 3:00 am y la lluvia torrencial azotaba el campamento fuertemente. No cesaba ni por un segundo. Toldos y sillas volaban por todas partes, los rayos iluminaban el cielo y los truenos retumbaban. Las personas gritaban debido a las grandes filtraciones de agua que se crearon en sus carpas de piso. Ni siquiera las personas que dormían en las carpas de techo se salvaron del agua. Por el contrario, la carpa de piso en la cual yo estaba milagrosamente seguía intacta, tan intacta que Kiwi seguía enrollado en mis pies durmiendo como si nada pasara.

 

Pasaron las horas y evidentemente la cantidad de agua era tal que se comenzaba a filtrar poco a poco por la lona de mi carpa en forma de gotera, las cuales iba secando con una camisa que utilicé como paño. El sueño me volvió a vencer y me quedé dormido en medio de esa tempestad.

 

Eran las 6:00 am y seguía la lluvia. ¡Qué cantidad de agua compañero! Me incorporé y al abrir la puerta de la carpa, lo que antes era un campamento bien establecido, ahora parecía zona de guerra. Sillas en el agua flotando, toldos doblados, carpas desaparecidas, ropa, paños y cualquier cantidad de cosas regadas por todos lados. Incluso los amigos del hervido de gallina los agarró tan desprevenidos que durante la noche decidieron dormir debajo del carro, pero como la cantidad de agua era tal, terminaron durmiendo sentados en sillas, uno al lado del otro, debajo de un toldo, y para más, cada uno envuelto en mil toallas, sosteniendo sombrillas de sol.

 

Con el pasar de las horas, todos despertaron y acomodamos de nuevo el campamento. Hubo bajas en cuanto a las carpas de algunos, que parecieron haber explotado por la cantidad de agua. Imagínense que por todo el medio de la carpa de un amigo pasaba un río. Mi carpa fue la envidia del viaje porque era la única de las de piso que había sobrevivido.

 

Como buen pescador llevé conmigo todo mi equipo de pesca. Los ríos Capanaparo y Cinaruco, ambos de tierras apureñas, han sido durante años los mejores santuarios de pesca de pavón en el país, por lo que no podía perder esta oportunidad.

 

Venezuela en un viaje

Traslado de los vehículos desde Santa Josefina hasta Capanaparo | Foto: Elías Rodríguez

 

Día de pesca venenosa

 

Un día, mientras mis compañeros hablaban sentados dentro del río, decidí probar suerte y hacer un par de lanzamientos de anzuelo para entretenerme y también ver si sacaba algo. Me fui adentrando en el río con el agua turbia hasta la cintura y así las horas fueron pasando muy tranquilas y agradablemente, pero sin resultado alguno. Al ver que ya lo más probable era que no iba a sacar nada, decidí salir del agua un rato para incorporarme al grupo. Lo que no sabía era que estaba a punto de enfrentar uno de los temores más grandes que he tenido en mi vida, desde que entré en contacto con el mundo de la pesca de agua dulce a los 5 años de edad.

 

Desplazándome, arrastrando los pies por la arena, con mis zapatos puestos y a pocos metros de llegar a la orilla, sentí de repente el dolor más agudo que he experimentado en mi vida, seguido de un pánico increíble. ¡Tan pronto sentí ese dolor punzante en el tobillo del pie derecho, supe de inmediato de qué se trataba y a qué me enfrentaría durante las próximas horas! Me paralicé en el sitio y rápidamente pude comprobar al sacar el pie del agua y ver el hilo de sangre correr por el zapato, que una raya venenosa de río me había picado. Como flashback vinieron a mi mente en tan sólo segundos los recuerdos de innumerables historias de pescadores en Camatagua, Parmana y otras locaciones guariqueñas que he visitado, sobre sus desafortunados encuentros con rayas venenosas de río, y lo mal que han quedado algunos de ellos tras la picadura.

 

Salí corriendo del agua y le dije en voz baja a un amigo que estaba sentado cerca de mí, para no alarmar a los demás, que me había picado una raya. Me senté rápido en la primera silla que encontré, mientras me hacía un torniquete en la pierna con mi propia camisa, y mi compañero exprimía la herida, la verificaba en búsqueda del aguijón, y también trataba de extraer el veneno inyectado por la raya. Me fui poniendo cada vez más frío y pálido, de tan sólo pensar que siempre he sido tan alérgico a cualquier tipo de picada, y que para más ñapa, ahora nos encontrábamos por lo menos a unas tres horas del centro urbano más cercano.

 

De pronto me acordé que, previendo este tipo de eventualidades, antes de salir de Caracas compré un antialérgico muy potente en ampolla para inyectar. De inmediato pregunté quién sabía inyectar en el grupo y un pana salió al rescate, colocó la inyección y ya por lo menos estuve más tranquilo de que por ese lado estaría protegido. Recuerdo que caminé hasta la camioneta de un amigo y me acosté en el asiento de atrás. Sentía que la pierna me iba a explotar y cada vez el dolor subía más y más.

 

Me incorporé y le pedí a algunos que por favor fueran a donde la señora Lala, y con estas palabras exactas les grité: “¡Búsquenme al Chamán del pueblo, al curandero pero búsquenme a alguien coño!”. Sabía que las personas que viven en estos ríos siempre están expuestos a esta clase de peligros y saben cómo manejar las situaciones de manera bastante efectiva. Eso era lo que yo esperaba, alguien consciente y preparado para atenderme.

 

Por el contrario, mis compañeros regresaron media hora después con un individuo muy peculiar que estaba ebrio y se hacía llamar “Gran Clemente”. Agarró mi pie y comenzó a examinarlo. Daba instrucciones en una lengua bastante confusa. Con él trajo unas semillas que mandó a machacar, convertirlas en jugo y dármelas de tomar. Un grupo se dedicó a obedecer todas las instrucciones al pie de la letra, me dieron la bebida misteriosa y nada que se iba el dolor. Total que el señor Gran Clemente terminó echándome sobre la herida de picadura de raya cualquier cantidad de productos abrasivos que conseguía a su paso. Pólvora, kerosene, diesel, gasolina, liga de freno.

 

De pronto, Gran Clemente desapareció de escena y yo me quedé un rato más aguantando dolor hasta que al cabo de unas horas fue mejorando, limpiamos bien la herida con desinfectante, cicatrizante, colocamos una venda y al final de la tarde ya por lo menos podía caminar. Ese mismo día fuimos a donde la señora Lala a que examinara la picada y a quien nos conseguimos durmiendo debajo de una cerca de púas fue ¡al Gran Clemente!

 

Esa noche, a pesar de que la herida seguía en carne viva, milagrosamente podía caminar perfecto, sobre todo después de unos buenos tragos de ron que me ayudaron a complementar el gran trabajo que hizo mi buen amigo el Gran Clemente con mi tobillo. No lo podía creer, después de tantos años escuchando las historias más temibles de los pescadores guariqueños más recios del llano y sus picadas de rayas venenosas de río, yo había sufrido una y había vivido para contarlo.

 

La conclusión que sacamos al día siguiente fue que seguramente había sido una raya muy pequeña la que me había causado la punción en el tobillo, y que por eso no había pasado a mayores. Hoy día, cuatro años después de ese incidente, conservo la herida ya cicatrizada pero todavía visible, la cual enseño a veces como una especie de trofeo, o herida de guerra. La verdad no me quejo, la cosa le puso emoción al viaje y tenía a todas las mujeres del campamento atendiéndome. (Jajajaja).

 

Esa noche llegó el resto del grupo y celebramos hasta que el cuerpo no aguantó más. Por supuesto, de madrugada nos cayó otro palo de agua encima terminando de destruir las pocas carpas que quedaban en pie. La mía milagrosamente siguió intacta.

Venezuela en un viaje

Gran Clemente en Capanaparo | Foto: Elías Rodríguez

 

El resto del viaje

 

En los días siguientes tuvimos la oportunidad de ir a conocer un caño que queda como a unos 20 kilómetros del arenal donde estábamos, llamado El Naure. Ese lugar me pareció muy bonito. Es un río distinto al Capanaparo, más estrecho, con arenas blancas y aguas cristalinas. Pasamos todo el día allí disfrutando de tan maravilloso paraje, pero los jejenes hicieron de las suyas a la caída del sol. Hay que ir bien preparado con buenos repelentes o algo más fuerte que los aleje.

 

Los días transcurrieron tranquilos a pesar de las tormentas nocturnas. Pasábamos todo el día en el río refrescándonos, hablando, tomándonos algo, echando broma, cocinando unas comidas increíbles y escuchando buena música. Básicamente disfrutando de la vida al aire libre. De eso se trata la experiencia 4×4, ni más ni menos.

Venezuela en un viaje

Blog: http://vzlaenunviaje.blogspot.com/

Instagram: @vzlaenunviaje

Galería completa de imágenes de este viaje: http://goo.gl/Voq71L

 

Ensamble-de-Rock-Zenith

Rock y Jazz en Centro Cultural Chacao

Música

El ensamble Zenith y la Simón Bolívar Big Band Jazz harán dos conciertos

Por: Ricardo Del Bufalo | @RDelBufalo

En 2007, varios estudiantes del Conservatorio de Música Simón Bolívar, integraron la Simón Bolívar Big Band Jazz, bajo la dirección del baterista Andrés Briceño. Años más tarde, por iniciativa del maestro Valdemar Rodríguez, miembro principal de la Sinfónica Simón Bolívar desde hace 30 años, se creó el ensamble de rock Zenith, con músicos del mismo conservatorio.

Ambas agrupaciones estarán en concierto el fin de semana del 26 y 27 de abril, interpretando canciones clásicas de cada género.

El ensamble Zunith deleitará a los presentes con un variado repertorio, en el cual destacan Paradise CityWelcome to the jungle de Guns N’RosesIronicYou ought to know, de Alanis MorissetteI love rock n’ Roll de Joan Jett ySolitary  Shell de Dream Theater, entre otras.

Por su parte, la Simón Bolívar Big Band Jazz, con 40 músicos en escena, tocará canciones de artistas de la talla de Duke EllingtonCount BasieMiguel Ángel BlancoPat Metheny, Dave SamuelsChick Corea.

La entrada de ambos conciertos tiene un costo de 50 bolívares.

 

Rock en Centro Cultural Chacao

Lugar: Av. Tamanaco, El Rosal, Centro Cultural Chacao.

Fecha: Sábado 26 a las 7 pm y domingo 27 de abril a las 11 am.

Costo: 50 Bs en las taquillas del teatro y en Ticketmundo.

Información: www.ticketmundo.comTwitterFacebook.

 

Gabriel García Márquez

Los 10 de Gabriel García Márquez

Literatura Reseñas HQH

Leer la obra de Gabo

Marcy Alejandra Rangel | @MarcyAlejandra

Nunca es tarde para conocer a un grande. La partida de Gabriel García Márquez tomó por sorpresa al mundo entero el pasado 17 de abril de 2014, un Jueves Santo en el que también partieron otras dos personalidades latinoamericanas del arte: el salsero Cheo Feliciano, luego de un choque automovilístico en el que no utilizó cinturón de seguridad, y la primera actriz venezolana Mayra Alejandra, quien padecía de cáncer de pulmón.

El Gabo tenía 87 años de edad por lo que, abandonar el plano terrenal parecía una consecuencia natural de su vejez. Días antes todas las agencias internacionales de noticias hablaban de la neumonía que lo mantenía “estable pero delicado” según las declaraciones que su familia dio en las últimas horas. También habían desmentido que hubiera recaído del cáncer linfático que le habría afectado un pulmón, ganglios e hígado.

Probablemente el Latinoamericano más importante de la historia contemporánea, el que ganó el primer Premio Nobel de Literatura (1982) del continente, el representante máximo del realismo mágico y el hombre capaz de retratar a la literatura con el carácter propio del Caribe, dejó una estela de prosas inolvidables en su carrera como novelista, reportero y amante de la vida. Aquí recogemos algunos de esos emblemáticos tomos que ningún vecino de Aracataca debería dejar de leer:

10. La hojarasca: fue la primera novela que publicó García Márquez, en 1955. Habla por primera vez de Macondo, ese pueblo ficticio que hizo al autor conocido por el realismo mágico que lo catapultó con Cien años de soledad. La historia es la de un entierro imposible. Luego de retirarse de la práctica de la medicina y vivir a expensas de la familia por un tiempo extraordinariamente largo, un doctor se traslada a dos casas de distancia con Meme, la empleada indígena que vivía con la familia en ese entonces. El destierro final del doctor ocurre cuando cerca de una docena de hombres, heridos en una de las múltiples guerras civiles del país, son traídos en busca de atención médica. El doctor, habiéndose retirado de la práctica de la medicina, se rehúsa a salvarlos, como también se había rehusado a ayudar a Meme cuando estaba enferma en una época anterior.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/e7lqkS

9. Yo no vengo a decir un discurso: fue el último libro que publicó en vida el Gabo, durante 2010, cuando reunió 22 textos escritos en vida para ser leídos en público. La agenda va desde 1944 a 2007 y el título hace referencia a la frase que escribió en el texto de despedida que leyó ante sus compañeros del bachillerato en Zipaquirá. Son textos prácticamente inéditos que incluyen, además, el que leyó ante la Academia de la Lengua y los reyes de España en 2007, cuando cumplió 80 años de edad, y “La soledad de América Latina”, el discurso que pronunció al recibir el premio Nobel de Literatura en 1982.

Gabriel García Márquez

8. Vivir para contarla: es un libro biográfico que publicó en 2002, haciendo referencia a sus vivencias desde 1927 y 1950, que finaliza con la propuesta de matrimonio a su esposa. Se centra en los recuerdos de la familia, la escuela y los primeros años como periodista y escritor de cuentos cortos. Incluye referencias a numerosos eventos de la vida real que terminaron siendo inspiración de algunos de sus libros, como la masacre de las Bananeras que aparece en Cien años de soledad.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/XNkRqE

Gabriel García Márquez

7. El otoño del patriarca: fue publicada en 1975 y es considerada una fábula sobre la soledad del poder. La historia se desarrolla en un país ficticio que se ubica a orillas del Mar Caribe y es gobernado por un dictador anciano que recrea el prototipo de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX. Es considerada una de las novelas más complejas y elaboradas del Gabo, ya que logra entrelazar distintos puntos de vista narrativos en la misma obra. El tirano en el que se inspiró el autor para escribir esta obra fue Marcos Pérez Jiménez, una dictadura que vivió en carne viva durante su estancia como reportero en Caracas.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/ax1e32

Gabriel García Márquez

6. Noticia de un secuestro: fue publicada en 1996 y está basada en la historia real de la Colombia contemporánea durante la época del narcoterrorismo. Nombra los casos de secuestro ocurridos en 1990, llevados a cabo por la misma banda criminal liderada por Pablo Escobar y con los mismos fines. El principal es el de Maruja Pachón, del que además narra las emociones de los secuestrados, sus familias, la relación de los políticos con el narcotráfico y las personalidades de los secuestradores, sus cambios de ánimo y sus declives. Este relato de no ficción fue llevado al cine en 2009 con la protagonización de la mexicana Salma Hayek.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/Upbwi7

Gabriel García Márquez

5. Crónica de una muerte anunciada: fue publicada en 1981 y está incluida dentro de la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX junto con El coronel no tiene quien le escriba y Cien años de soledad. Este relato es un acercamiento al periodismo narrativo en conjunto con la novela policiaca. Cuenta un suceso real, ocurrido en 1951, en el que el autor tomó la acción central sin descuidar los datos y las precisiones que se necesitan para llevar un texto periodístico a feliz término. Los hermanos Vicario anuncian que matarán a Santiago Nasar. El personaje nunca lo sabrá, sino minutos antes de morir. 27 años después, el mejor amigo de Nasar recostruirá todos los hechos de los que él fue testigo.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/gYFqFe

Gabriel García Márquez

4. El coronel no tiene quien le escriba: es una novela corta que se publicó en 1961. Una de las más célebres de García Márquez, en la que un viejo coronel veterano de la Guerra de los Mil Días espera la pensión que nunca llega. Todo se desarrolla en 1956, en la costa colombiana, mientras el protagonista vive con su esposa. El propio autor reconoció que era el texto más simple que había escrito hasta entonces. La novela pretende reflejar el sentimiento de desasosiego ante la espera. En 1999 se llevó al cine mexicano esta obra, con el mismo título que el original.

Pueden leerla gratis en este link à http://goo.gl/k6R4gc

Gabriel García Márquez

3. Relato de un náufrago: cuenta la historia de cómo Luis Alejandro Velasco, tripulante de un buque militar que había estado en Alabama, logró vivir durante diez días en altamar luego de un accidente aéreo. Estuvo solo, sin comida, y haciendo cálculos de cuándo iban a aparecer los aviones de rescate. La historia se publicó durante veinte días consecutivos en el diario El Espectador de Colombia en 1955, para luego publicarlo como libro en 1970. Este reportaje de investigación tuvo una fuerte repercusión en el país vecino, ya que en él García Márquez descubre que fue por culpa de cargamentos de contrabando que se soltaron en la cubierta la razón del accidente y no por una tormenta, como se había denunciado.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/9gwVAf

Gabriel García Márquez

2. El amor en los tiempos del cólera: es una novela que Gabo publicó en 1985 y que tomó como inspiración la historia de amor de sus padres. Narra la vida de tres personajes que vivieron cerca de la comarca del Río Magdalena, en la costa de Cartagena, durante el inicio del siglo XX. La declaratoria de amor eterno que Florentino Ariza le hace a Fermina Daza se da luego de que Juvenal Urbino, el esposo Ariza, se cae de una escalera cuando intenta atrapar su loro amaestrado. Sin duda, es una de las novelas más importantes e inolvidables de la vida del colombiano. Fue llevada al cine en 2007 con Unax Ugalde y Javier Bardem como protagonistas.

Pueden leerla gratis en este link à http://goo.gl/C3sc5x

Gabriel García Márquez

1. Cien años de soledad: no hace falta mucha descripción. Fue la novela que le valió a Gabriel García Márquez el Premio Nobel de Literatura en 1982. Es considerada una obra maestra de la literatura universal, es una de las más traducidas. Fue catalogada como una de las obras más importantes del castellano durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en 2007, a la que Gabo asistió y dio un discurso. La primera edición fue publicada en Buenos Aires en 1967. A la fecha se han vendido más de 30 millones de ejemplares de la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones en el pueblo ficticio de Macondo.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/ozyJjZ

 

BONUS: La tercera resignación

Es el título del primer cuento de Gabo, publicado en el periódico El Espectador de Colombia en 1947. Es un texto en el que la violencia se vuelve el tema recurrente no solo en la narración del autor, sino en toda la producción colombiana por los siguientes cuarenta años, gracias a un suceso histórico que desató toda la ola de terrorismo en Colombia: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948. El cuento comienza cuando un niño cuenta la historia de levantarse un día dándose cuenta de que ha muerto. Su madre lo lleva a hacerse un examen médico y el doctor confirma la noticia. Es la narración de un niño que crece dentro de su ataúd hasta adulto y continúa su vida en la muerte.

Pueden leerlo gratis en este link à http://goo.gl/1aYDBA

 

#RutasCCS Menú de Pascua

#RutaCcs: para endulzar la Pascua

Gastronomía Reseñas HQH

Una ruta con sabor

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

La Pascua es la fiesta más grande de toda la cristiandad. Dura 50 días, que comienzan a contarse a partir del Domingo de Resurrección, y en ellos se celebra, por todo lo alto, la resurrección de Cristo. A ella se encuentran asociadas una serie de tradiciones culinarias, muy ligadas, sobre todo, a la pastelería y los dulces. Acá una ruta para disfrutarla

Tivoli

Fundada en 1965 por un pastelero francés, es una de las pastelerías más antiguas y tradicionales de Caracas y conserva los sabores de antaño. Entre sus especialidades se encuentran las mini tartaletas de fresa, las milhojas, el profiterol de chocolate y la torta Charlotte; todas, elaboradas con las recetas de los abuelos.

Dirección: Avenida Principal de Las Palmas, Diagonal a la calle Los Bucares

La Ducal

Otra de las pastelerías más tradicionales y antiguas de Caracas, fundada en los años 50 por inmigrantes italianos. Son famosas sus tortas, sus dulces de milhojas, las tartaletas de limón, la pasta seca normal o de almendras. Para Pascua preparan especialmente huevos de chocolate, colomba de pascua –especie de panettone con forma de paloma- y la pastiera, una tartaleta hecha con requesón, trigo, frutas confitadas, cremas y “flor de naranja”, una esencia particular sacada del árbol de la naranja.

Dirección: Segunda Calle de Bello Monte, entre Avenida Casanova y Boulevard de Sabana Grande

Doris

Una de las pastelerías más reconocidas de Caracas, especialmente famosa por sus colas de langosta, trufas, brazos gitanos y marquesas de almendras. Suele preparar para Pascua la tradicional colomba.

Dirección: Avenida Rómulo Gallegos, con 2da avenida de Santa Eduvigis

El Parque

Típica pastelería tradicional italiana, ubicada en el casco histórico de Chacao. Destaca por ser una de las pocas que hace dulces sicilianos, y ofrece en pascua, aparte de los tradicionales huevos, típica tartaleta pastiera

Dirección: Calle Urdaneta de Chacao, N°9

La Praline

Fina chocolatería ubicada en Los Palos Grandes, especialmente famosa por la gran variedad de exquisitos bombones con diferentes y delicados rellenos. Suele ser el mejor lugar de Caracas para comprar huevos de Pascua, deliciosos y bien elaborados.

Dirección: Avenida Andrés Bello con 3ra transversal de Los Palos Grandes

Las Nieves

Otra tradicional pastelería caraqueña, tiene también una oferta especial para Pascua, con los tradicionales dulces italianos, y el exclusivo honor de ser la única que ofrece una colomba de pascua cubierta de chocolate. Como para tomar en cuenta.

Dirección: Avenida Pichincha de El Rosal

Roma

Su origen italiano es innegable desde el nombre. Esta pastelería ofrece para Pascua la tradicional colomba, pero además ofrece la versión napolitana de la pastiera, con ricota, arroz y perejil.

Dirección: Avenida Victoria, entre calles Gran Colombia y Cataluña. Trabajaran toda la semana.

Guayana

Pan de bacalao, pizza rústica –elaborada con queso povolone y una serie de embutidos italianos- son dos de sus especialidades para Pascua, además de los tradicionales dulces italianos. Una opción a considerar por los amantes de lo salado.

Dirección: Calle Guayana, entre avenidas Roosvelt y El Parque.

Facebook